Tras un inicio tan prometedor como adictivo, el culebrón más
disfrutable de la televisión americana se desinfló en demasía en un
tramo final de primera temporada algo menos conexo y trepidante. El
problema de entonces sigue conservándose en este nuevo comienzo: hay
algunos personajes bastante menos interesantes que el resto (Jack y su
hermano), existen químicas que no acaban de explotar (Jack y Amanda;
Daniel y Ashley) e incluso se desarrollan tramas argumentales que
simplemente no se sostienen, como esa magna conspiración que todavía no
ha dado señales de vida propia o el entrenamiento KillBilliano de Emily.
Por su parte las rivalidades que surgen de los enfrentamientos
directos entre Emily y Victoria y entre Victoria y Conrad logran olvidar
los defectos menores. Es ahí cuando Revenge mejor funciona y
consigue desplegar sus armas más punzantes, en el momento en el que
Emily VanCamp y Madeleine Stowe aparecen en el escenario a esparcir su
venenosa bilis. La venganza de una y la ambición de otra se cuecen en
conversaciones repletas de retórica, engaño, miradas furtivas y deseos
de fortuna controvertidos; es un disfrute tan exquisito ver como sus
planes se tejen que sería injusto, y bastante menos que deseable, ver
cómo Jacks y Amandas les quitan un protagonismo que han merecido desde
el primer momento.
Quienes en cambio sí tienen potencial para igualar la contienda son
Daniel Grayson, con su quebradero de cabeza por decidirse entre la
paterno o la maternofilia y confiar o no de nuevo en Emily, y Nolan
Ross, cuya nueva compañera de trabajo pondrá por fin de relieve aquello
que realmente le une a Emily de una forma tan inquebrantable (ya no nos
podemos tragar que lo hace por el padre de ella, ¿no?).
martes, 6 de noviembre de 2012
Revenge, el culebrón de Otoño
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