Tras un inicio tan prometedor como adictivo, el culebrón más
disfrutable de la televisión americana se desinfló en demasía en un
tramo final de primera temporada algo menos conexo y trepidante. El
problema de entonces sigue conservándose en este nuevo comienzo: hay
algunos personajes bastante menos interesantes que el resto (Jack y su
hermano), existen químicas que no acaban de explotar (Jack y Amanda;
Daniel y Ashley) e incluso se desarrollan tramas argumentales que
simplemente no se sostienen, como esa magna conspiración que todavía no
ha dado señales de vida propia o el entrenamiento KillBilliano de Emily.
Por su parte las rivalidades que surgen de los enfrentamientos directos entre Emily y Victoria y entre Victoria y Conrad logran olvidar los defectos menores. Es ahí cuando Revenge mejor funciona y consigue desplegar sus armas más punzantes, en el momento en el que Emily VanCamp y Madeleine Stowe aparecen en el escenario a esparcir su venenosa bilis. La venganza de una y la ambición de otra se cuecen en conversaciones repletas de retórica, engaño, miradas furtivas y deseos de fortuna controvertidos; es un disfrute tan exquisito ver como sus planes se tejen que sería injusto, y bastante menos que deseable, ver cómo Jacks y Amandas les quitan un protagonismo que han merecido desde el primer momento.
Quienes en cambio sí tienen potencial para igualar la contienda son Daniel Grayson, con su quebradero de cabeza por decidirse entre la paterno o la maternofilia y confiar o no de nuevo en Emily, y Nolan Ross, cuya nueva compañera de trabajo pondrá por fin de relieve aquello que realmente le une a Emily de una forma tan inquebrantable (ya no nos podemos tragar que lo hace por el padre de ella, ¿no?).
Por su parte las rivalidades que surgen de los enfrentamientos directos entre Emily y Victoria y entre Victoria y Conrad logran olvidar los defectos menores. Es ahí cuando Revenge mejor funciona y consigue desplegar sus armas más punzantes, en el momento en el que Emily VanCamp y Madeleine Stowe aparecen en el escenario a esparcir su venenosa bilis. La venganza de una y la ambición de otra se cuecen en conversaciones repletas de retórica, engaño, miradas furtivas y deseos de fortuna controvertidos; es un disfrute tan exquisito ver como sus planes se tejen que sería injusto, y bastante menos que deseable, ver cómo Jacks y Amandas les quitan un protagonismo que han merecido desde el primer momento.
Quienes en cambio sí tienen potencial para igualar la contienda son Daniel Grayson, con su quebradero de cabeza por decidirse entre la paterno o la maternofilia y confiar o no de nuevo en Emily, y Nolan Ross, cuya nueva compañera de trabajo pondrá por fin de relieve aquello que realmente le une a Emily de una forma tan inquebrantable (ya no nos podemos tragar que lo hace por el padre de ella, ¿no?).






